Allariz y Augas Santas.

Allariz, el pueblo que antaño fue considerado la llave de Galicia, asienta su empedrada historia medieval en uno de los tramos más hermosos del río Arnoia. Presume de ser una corte sueva, el nombre parece derivar del caudillo Alarico y desde entonces santificada como lugar de excelencia para reyes y nobles. En los alrededores de Allariz, a tan solo a cuatro kilómetros, se encuentra la aldea de Santa Mariña de Augas Santas, surgida a partir del asentamiento en este lugar de las Órdenes Religiosas, pero mucho antes, en tiempos donde los romanos poblaban la región los acontecimientos y la historia de una niña marcaron el rumbo y relevancia de este lugar.

Marina, que es así como atendía, tendría nueve años cuando fue repudiada por su propio padre, un clérigo pagano que ejercía de gobernador cuando los romanos llegaron a estas tierras. Un día de julio del año 138, en los parajes que hoy ven alzarse la torre de Sandiás y donde Marina solía cuidar el ganado, se presentó la comitiva que conducía a Castro de Armeá al prefecto romano Olibrio, este fijándose de inmediato en la belleza de la joven que ya era adolescente, hizo detener la caravana y mando rápidamente a sus ministros que trajeran a Marina, la quería a toda costa bien como esposa o como esclava, de inmediato la prendió e hizo que se uniera a la comitiva hacia el presidio de Armea.

El intentó seducirla con promesas, con halagos y con el honor que supondría para la joven renunciar a Dios y ser su esposa. Ella firme, rechazó las ofertas, lo que motivó que sus huesos fueran a parar a un siniestro calabozo. Los días se sucedían y de la boca de Marina solo salían palabras despreciando a los romanos y adorando a su Dios de la cristiandad. Todo estaba perdido, el combate ente el cielo y el infierno estaba servido. Los tormentos se sucedieron día tras día, las más horribles torturas fueron aplicadas por los verdugos, atada de pies y manos fue sumergida en un pilón de agua, quemada y aquí la leyenda se diluye con la historia verdadera y se cuenta que la maltrecha Marina aliviaría sus quemaduras en lo que hoy se conoce como el pozo de aliviadero, dos pilas excavadas en la roca y donde el agua en ellas mantiene siempre el mismo nivel, cualquiera que sea la estación del año, conservando el tono oscuro, dicen que de las cenizas que desprendió la joven de sus quemaduras. Bueno, finalmente la pobre Marina fue decapitada, su alma viajó por fin al encuentro de su dios y paso a convertirse en mártir y Santa.

Hay un agradable paseo que nos conduce por toda esta historia y comienza cruzando la aldea de Augas Santas, es una pequeña ruta que debemos tomarnos con calma, disfrutando de cada momento, pues lo verdaderamente interesante es la tranquilidad y la historia que se respira. Parte al cobijo de las construcciones de vetusto granito, desde los aledaños de la fuente de la santa en el atrio de la iglesia. Un suave descenso nos aleja del pueblo y nos encajona entre las típicas “corredoiras”, esos caminos estrechos enmarcados entre muros de piedra construidos artesanalmente y hoy tapizados de un espeso musgo. Después de unos cientos de metros el horizonte desaparece, cediendo protagonismo al bosque, a los castaños y robles centenarios. Un camino empedrado nos lleva por este espacio boscoso hasta una pequeña carretera que cruzaremos para adentrarnos de nuevo en la arboleda. Así, a los pocos y sin apenas esfuerzo llegamos hasta los grandes muros que delimitan un campo de viñedos. Una gran piedra redonda de varios metros de altura nos sirve como referencia, aquí tendremos que continuar a la derecha por el mejor y más evidente camino. Vamos pisando los mismos tramos que los romanos y una losa a los pies con varios agujeros nos anuncia la proximidad de las ruinas de la Basílica de la Ascensión, iniciada en el siglo XIII y nunca rematada y que la historia relaciona con los tormentos que la Santa sufrió allí, en los conocidos como “O Fornos”, para lo que tendremos que descender, -es aconsejable llevar una linterna-, hasta el propio horno, con un agujero en forma de chimenea y donde la tradición sitúa la escena donde Santa Mariña escapó de las llamas ayudada por el propio San Pedro. En la oscuridad del solitario sótano, es fácil imaginarse el sufrimiento de Marina.

Saliendo del recinto y rumbo a las colinas del castro de Armeá está el gran roble de aspecto atormentado, este árbol proyecta su sombra a los aliviaderos de la Santa, los recipientes de oscura agua que dicen sirvieron a la torturada Marina para aliviar sus quemaduras. El roble nunca fue podado, la creencia popular dice que cualquier herida al árbol conlleva un derramamiento de sangre.

Todavía un último esfuerzo hasta la atalaya donde estuvo en otros tiempos situada la ciudad de Armenia. Solo resta volver al mismo punto de partida y dedicar una visita al entorno del pueblo, la iglesia, la casa rectoral y los muchos detalles que los canteros elaboraron en el tosco granito.

Anxo Rial

 

GUIA PRÁCTICA.

DIFICULTAD. Fácil

DESNIVEL. La aldea de Santa Mariña de Augas Santas  esta a 591 mts, en suave descenso llegaremos a las ruinas del santuario y a nuestro objetivo que está a 525 mts.

DISTANCIA: Un corto recorrido de apenas 2 kms, ente la ida y la vuelta.

TIEMPO. 2 horas

PUNTO DE PARTIDA Y LLEGADA. Aldea de Santa Mariña de Augas Santas, justo detrás de la iglesia parte un camino que poco a poco se aleja de las casas para adentrarse en los campos de cultivo y el bosque.

COMO LLEGAR.  La mejor manera de llegar es a través de la autovía Das Rías Baixas, A-52, para salirnos en Allariz y una vez en el pueblo, buscar la carretera que une el pueblo con la aldea.