A Lagoa de Cospeito.

La aparición de la laguna de Cospeito sigue un patrón que se repite, no solo en Galicia, sino también en otras partes del mundo, la falta de amabilidad y solidaridad con los más necesitados y ello conlleva el lógico castigo. La leyenda habla, que donde hoy está la laguna de Cospeito, existía una villa, una prospera población llamada Villa Valverde. Hasta el lugar llego un buen día un pobre, con un aspecto muy deteriorado. El necesitado pido asilo en alguno de los cobertizos del pueblo, pero nadie sentía lastima de ese personaje harapiento.

Sin encontrar un lugar para pasar la noche, el pobre se disponía a abandonar Villa Valverde y en el camino vislumbro una pequeña casita en lo alto de una ladera herbosa, conocida como Feira do Monte. Allí se dirigió, encontrando una familia muy humilde, pero de buen corazón, que recibieron de buen grado al caminante solitario. Casi sin recursos, pero amables, decidieron matar la única ternera que les quedaba y así sentar al mendigo a su mesa.

Al finalizar la cena, el pobre pido al dueño de la casa, que los huesos de la ternera fueran repartidos entre las cuadras por tamaños, los pequeños en una y los grandes en otra. Al alba del día siguiente, el pobre despertó al dueño de la casa y le mandó ordeñar las vacas y poner los terneros a mamar. Pero el dueño, pensando que el pobre se había vuelto loco, siguió durmiendo. El pobre no paraba de repetir lo mismo, una y otra vez, hasta que el dueño ya hastiado le contesto:

            -¿cómo voy a ordeñar las vacas y echar los becerros a mamar, hombre de Dios, si la única ternera que tenía la maté de víspera para hacer la cena de todos?

El pobre respondió con seguridad:

            -Tan verdad es que tienes becerros y vacas como que la villa de Valverde se hundió la noche pasada bajo las aguas, al igual que sus desconsiderados habitantes.

Después de esto, el dueño de la casa y su familia, se asomaron a la puerta y vieron con asombro, que efectivamente toda la villa había desaparecido bajo las aguas, tal solo en lo alto de una colina se reflejaba en las aguas la capilla de la Virgen del Monte y la imagen de la Virgen que estaba en su interior. De sus propias cuadras salían sonidos de animales y allí donde la noche pasada ya no quedaba nada, había efectivamente vacas y terneros. Aunque intentaron localizar al pobre para agradecer este milagro, este había desaparecido sin dejar rastro. Hay quien dice, que después de las sequias de verano, asoman sobre las aguas las chimeneas y el campanario de la Villa de Valverde.

Anxo Rial / RKV.

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