TravelAventura. Las Tierras del Rey Sol.

Las leyendas de Oia hablan de las laderas que miran al océano, donde existe una roca llamada Piedra del Rey Sol y donde dicen que un antiguo monarca que gobernaba estas tierras, contemplaba cada tarde extasiado como el astro sol hundía su bola de fuego en horizonte, tiñendo de dorado la espuma de las olas al estrellarse contra el granito de esta indómita costa.

El ayuntamiento de Santa Maria de Oia mira directamente al mar y allí se encuentra uno de los pocos monasterios construidos en primera línea de costa. Este cenobio es sin duda el gran atractivo de este pequeño núcleo urbano que dio origen al pueblo de Oia. Fundado por Alfonso VII en 1132 como abadía, adoptó la forma de cisterciense en 1185. Su estratégico emplazamiento jugó un importante papel en la defensa de la costa y uno de esos episodios sucedía en 1624 cuando los monjes lograron desmontar un ataque de la flota turca, lo que llevó al Felipe IV a conceder al monasterio el título de «Real». Tras la Desamortización de 1835 pasó a ser de propiedad privada, aunque la iglesia funciona como templo parroquial.

La ruta que permite caminar por la costa que este rey tanto adoraba, circula en este caso a una altitud de trescientos metros, pero con unas extraordinarias panorámicas de todo el litoral. El comienzo de la senda hay que buscarlo en la carretera que une Oia con la aldea de Burgueira, después de 1.700 metros desde Oia, veremos un gran cartel indicativo a nuestra derecha y un pequeño aparcamiento para el automóvil. Es en este punto donde parte una pista en ligero ascenso a nuestra izquierda y donde se marca el comienzo de la ruta. Tal solo medio kilómetro después de comenzar, ya encontramos una cita con la historia más remota, unos pocos metros a la izquierda se encuentra el petroglifo de A Pedreira, basados en líneas y cazoletas. Este espacio arqueológico se podría definir como un “santuario” donde se supone hacían algún tipo de ritual a juzgar por las piedras con forma de cazuela y con grabados que lo sitúan 4.000 años atrás.

Citas con la historia rupestre que serán la constante en esta primera parte de la ruta, tal solo un kilómetro después de los últimos grabados llegamos a O Viveiro, en cuyos aledaños se localizan varios grabados donde se destacan tres embarcaciones de origen mediterránea y más adelante, en Outeiros do Morouzo está la piedra del cazador. La senda, cómoda y llana siempre nos ofrece unas estupendas panorámicas de la costa de Oia, pero ahora se encaja entre las laderas de la sierra de Mougás y un curioso bosque de alcornoques, que no tendría nada de extraordinario si no fuera por el lugar y la latitud donde se ubica, los Sobreiras do Faro son el bosque mediterráneo más occidental de Europa y está catalogado como Espacio Privado de Interés Natural.

Merece la pena abandonar la cómoda pista por la que caminamos y descender unos metros hasta el cauce del pequeño rio Broi y fundirse entre estos ejemplares de alcornoque, árboles cuya corteza servían antaño para la construcción de colmenas, corchos para las botellas de vino o aislante térmico. Hoy todas esas actividades quedaron relegadas al olvido, pero el lugar es estupendo y tiene todas las bendiciones para ser conservado. Si bien la senda continua bastantes kilómetros mas, desde este punto emprendemos el retorno al punto de partida, disfrutando de nuevo de las esplendidas vistas que nos ofrece esta atalaya sobre el mar.

Anxo Rial. / RKV

 

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