TravelAventura. Portugal Norteño.

 

La región de Minho, al norte de Portugal, está considerada como el lugar de origen de la nación portuguesa, dentro de los límites de esta masa de tierra norteña se encuentran Guimarães, su primera capital y Braga, centro religioso del país, dos de las ciudades de mayor transcendencia y peso de Portugal. Pero mucho más al norte, donde el rio Miño traza con su cauce la frontera divisoria entre España y Portugal, existen una serie de pequeñas villas, la mayoría con fortalezas amuralladas, unos bastiones defensivos utilizados para mantener la vigilancia con los vecinos españoles en épocas menos amigables. Caminha, Valença do Minho, Lapela, Monçao y Melgaço muestran al visitante parte de ese pasado bélico y defensivo.

La villa de Melgaço es hoy referencia por sus vinos, especialmente el vinho verde y alvarinho, cepas que encuentran un clima excelente en estas tierras para su madurez. En su pequeño núcleo urbano de estilo medieval un pequeño palacete, la casa Solariega del Alvarinho, encierra entre sus muros un pequeño museo dedicado divulgar las excelencias del vino de la región y se pueden degustar sus diferentes variedades, además de productos típicos de la zona.

Pero lo que sin duda llamará nuestra atención es la esbelta figura de la torre de homenaje que presidía una antigua fortaleza y Monumento Nacional desde 1910. Lo que hoy podemos ver son los restos de un castillo primitivo que nos trasladan al siglo XII, cuando Afonso Henriques ordenó levantar en este estratégico lugar una fortaleza defensiva para frenar los embistes del Reino de León, por aquel entonces nada afable.

En el siglo XIII este lugar era un paso estratégico hacia Galicia y en 1492 pasaban por Melgaço los judíos expulsados de Castilla, especialmente los de la cercana población gallega de Ribadavia, donde existía una importante comunidad sefardí. La torre del homenaje es visitable, allí se asienta un pequeño museo de la arqueología, que hace las veces de centro interpretativo de toda la comarca y el esfuerzo de subir hasta lo alto de sus almenas nos permiten unas panorámicas inigualables de todo el pueblo, los viñedos que lo rodean y el rio Miño.                                                         Anxo Rial / RKV.

 

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