A Lagoa de Cospeito.

La aparición de la laguna de Cospeito sigue un patrón que se repite, no solo en Galicia, sino también en otras partes del mundo, la falta de amabilidad y solidaridad con los más necesitados y ello conlleva el lógico castigo. La leyenda habla, que donde hoy está la laguna de Cospeito, existía una villa, una prospera población llamada Villa Valverde. Hasta el lugar llego un buen día un pobre, con un aspecto muy deteriorado. El necesitado pido asilo en alguno de los cobertizos del pueblo, pero nadie sentía lastima de ese personaje harapiento.

Sin encontrar un lugar para pasar la noche, el pobre se disponía a abandonar Villa Valverde y en el camino vislumbro una pequeña casita en lo alto de una ladera herbosa, conocida como Feira do Monte. Allí se dirigió, encontrando una familia muy humilde, pero de buen corazón, que recibieron de buen grado al caminante solitario. Casi sin recursos, pero amables, decidieron matar la única ternera que les quedaba y así sentar al mendigo a su mesa.

Al finalizar la cena, el pobre pido al dueño de la casa, que los huesos de la ternera fueran repartidos entre las cuadras por tamaños, los pequeños en una y los grandes en otra. Al alba del día siguiente, el pobre despertó al dueño de la casa y le mandó ordeñar las vacas y poner los terneros a mamar. Pero el dueño, pensando que el pobre se había vuelto loco, siguió durmiendo. El pobre no paraba de repetir lo mismo, una y otra vez, hasta que el dueño ya hastiado le contesto:

            -¿cómo voy a ordeñar las vacas y echar los becerros a mamar, hombre de Dios, si la única ternera que tenía la maté de víspera para hacer la cena de todos?

El pobre respondió con seguridad:

            -Tan verdad es que tienes becerros y vacas como que la villa de Valverde se hundió la noche pasada bajo las aguas, al igual que sus desconsiderados habitantes.

Después de esto, el dueño de la casa y su familia, se asomaron a la puerta y vieron con asombro, que efectivamente toda la villa había desaparecido bajo las aguas, tal solo en lo alto de una colina se reflejaba en las aguas la capilla de la Virgen del Monte y la imagen de la Virgen que estaba en su interior. De sus propias cuadras salían sonidos de animales y allí donde la noche pasada ya no quedaba nada, había efectivamente vacas y terneros. Aunque intentaron localizar al pobre para agradecer este milagro, este había desaparecido sin dejar rastro. Hay quien dice, que después de las sequias de verano, asoman sobre las aguas las chimeneas y el campanario de la Villa de Valverde.

Anxo Rial / RKV.

Cañón del rio Gorgua. En compañia del musgo.

La naturaleza se ha mostrado generosa y nada monótona con las tierras del sur de Ourense, creando colinas y sierras que se coordinan para dar al paisaje una pincelada armoniosa e interesante. Allí se abre la depresión que da lugar al valle del Gorgua, por cuyo fondo discurre un caudaloso rio, también conocido como Rego do Patén. Un estrecho y frondoso valle, muy bien enmarcado por castaños centenarios, laureles y robles que han encontrado en estas humedades, un clima idóneo para prosperar. El Gorgua traza un recorrido accidentado, donde los saltos de agua o “corga”, que es la denominación de las cascadas en estas tierras, se convierten en espectaculares saltos que alimentan los molinos, o lo que queda de ellos, pues el tiempo y la propia naturaleza han disimulado su presencia, para dejarlos en simples huellas del pasado.

Anxo Rial / RKV.

Liverpool y los Beatles.

Nada más y nada menos que 50 años cumple el álbum blanco de los Beatles. Desde TravelAventura lo celebramos escuchando música del grupo y viajando a la ciudad que les vio nacer. Liverpool, a orillas del rio Mersey, quedo marcada para la historia por ser la cuna del grupo, así pues desde aquí recorremos los puntos emblemáticos de la cuidad, desde las casas de cada uno de los componentes del grupo, hasta los lugares que inspiraron alguna de sus canciones o The Cavern Club, donde muchos musicos dejaron su huella musical y el grupo fue descubierto.

Viñedos del Duero, viaje al color.

Este es un tiempo magnifico para contemplar los viñedos del Duero, estas viñas del famoso viño de Oporto, fueron reconocidas como un paisaje singular por la UNESCO y no es para menos. Los viñedos aterrazados se afianzan a un precipicio vertiginoso, con un cielo azul y un aire absolutamente puro.

Es pues el otoño la estación donde estas vides lucen su mejor estampa, los rojos y ocres tiñen las laderas hasta hacer del lugar un verdadero mosaico de color.  Y la mejor manera de afrontar esta excursión es viajar a la ciudad de Oporto, allí y para integrarnos con el ambiente de famoso vino portugués, es menester dirigirse a la orilla de Gaia, donde los antiguos barcos rabelos están varados en la orilla, recordando mejores tiempos y dándonos pistas sobre la importancia de este vino.

Épocas doradas del transporte tradicional, donde los barcos cargados con los barriles de vino, hacían en trasiego de subir y bajar a lo largo del Duero. Hoy son un reclamo y nos permite ver esas labores de antaño. En esta orilla, es del todo recomendable acercarse a visitar una de las bodegas asentadas allí, almacenes de vinos que llevan años, muchos dedicándose a la elaboración de viño de oporto. Las visitas son guiadas y hay que pagar, pero a cambio visitaremos uno de esos santuarios de elaboración vinícola. Al final hay degustación, como no puede ser de otra manera.

Desde Oporto, remontamos el Duero para visitar esta región productora, hoy divida en tres zonas. Al Oeste, en Baixo Corgo, queda la capital del vino, Peso da Régua, con sus puentes es uno de los primeros atractivos el camino, allí no debemos dejar de visitar el Museo del Duero y el Solar do Vinho do Porto, todavía aquí podremos aprender un poco más sobre las técnicas en la elaboración del vino.

El rio, a partir de ahora comienza una serie de caprichosas curvas y con él la carretera que le acompaña, es pues un trayecto para hacer con calma, con tranquilidad y disfrutando del maravilloso paisaje. De esta forma continuamos hasta que divisamos en la orilla opuesta la pequeña localidad de Pinhão, el pueblo pertenece a una nueva región donde se concentran los más famosos vinos de Oporto. Son los viñedos de Cima Corgo, de excelente paladar y muy apreciados. En Pinhão es muy recomendable hacer una visita a su estación de tren, allí azulejos azules, típicos de Portugal, decoran las paredes del edificio con escenas de la vendimia. Tras la visita a esta diminuta estación de tren, descendemos hasta el pequeño puerto, donde podremos degustar una copa de vino, solo hay que recalar sobre una de sus estratégicas terrazas y saborear el momento,  mientras contemplamos las laderas reflejadas en el rio, un espejo cristalino solo distorsionado por algún barco de turistas al pasar. Que mejor manera de disfrutar del vino, que en la tierra que lo produce.

A partir de Pinhão la carretera se separa del rio y ya no volverá a estar a su altura hasta llegar a las tierras fronterizas con España.  A medida que este estrecho vial devora curvas de nivel nos ofrece también un fenomenal paisaje de pueblos ya empequeñecidos por la distancia y unos viñedos que se adueñan del entorno en cada curva. San Joao da Pesqueira, pertenece a la subregión del Douro Superior y es nuestra próxima parada. Este pueblo nos adentra en un panorama de interior, pero igual de hermoso.

Así, sin pausa iremos visitando pueblos como Cinfaes, escondido a los pies de la Sierra de Montemuro, cuyas cimas se acercan a los 1000 metros de altitud. Cinfaes es famosa porque en este lugar se construían los famosos barcos que surcaban el Duero con los barriles a bordo en su trayecto hasta Oporto. Muy cerca del pueblo se encuentra la iglesia de Cárquere, un templo del siglo XII que merece la pena visitar. De esta forma vamos disfrutando un Portugal interior y vinícola, hasta abordar las tierras de Salamanca, donde la Fregeneda marca el fin de este trayecto.

Anxo Rial / RKV.

Montederramo, el bosque del Lobishome.

El bosque de abedules de Montederramo, esta agazapado en la cara norte de las laderas de la sierra de  San Mamede, en plena montaña Ourensana. Este lugar fue un día una encrucijada de caminos, que conectaban las tierras altas de Vilar de Barrio y Maceda, con las de Queixa, a través del “camino de Santa Cruz”, con el cenobio de Montederramo como lugar de obligada parada.

Este es por lo tanto un lugar sembrado de misterios, sobre todo con la caída del sol, es en ese momento cuando fluye en la mente de los más longevos, la leyenda-crónica de Blanco Romasanta, el hombre lobo de Allariz, que a mediados del siglo XIX y según manifestó ante la justicia una vez apresado, que fue aquí, en este bosque donde devoraba, una vez convertido en “lobishome” a la mayoría de sus víctimas.

Manuel Blanco Romasanta, fue el único caso documentado de licantropía en España, refiriéndose a en este caso a la enfermedad mental, no al ser mitológico del lobo. Inteligente y culto para la época, pues sabía leer y escribir, comenzó a dedicarse a la venta ambulante. Es, a partir de entonces, que los lugareños empiezan a señalarlo como vendedor de unto (grasa) fama que se extendió rápidamente por la comunidad. Su fama asesina no le llegaría hasta que es acusado de la muerte de un alguacil cerca de Ponferrada. Condenado en rebeldía, consiguió escaparse y cobijarse en un pueblo abandonado. Es en Rebordechao donde empieza a contactar con los vecinos ganándose la confianza y amistad de las mujeres, lo cual hizo que los hombres lo llamaran “afeminado”. Ya asentado en el pueblo es cuando comienzan sus brutales asesinatos. Romasanta reconocía más tarde que, víctima de un maleficio que lo vuelve lobo, mató a 13 personas a sangre fría, usando sus manos y dientes para acabar con sus vidas y comerse los restos. El juicio (conocido como “causa contra el hombre lobo”) duró un año aproximadamente. En su defensa y en el juicio, manifestaba lo siguiente:

“La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso. Me encontré con dos lobos grandes con aspecto feroz. De pronto, me caí al suelo, comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres veces sin control y a los pocos segundos yo mismo era un lobo. Estuve cinco días merodeando con los otros dos, hasta que volví a recuperar mi cuerpo. El que usted ve ahora, señor juez. Los otros dos lobos venían conmigo, que yo creía que también eran lobos, se cambiaron a forma humana. Eran dos valencianos. Uno se llamaba Antonio y el otro don Genaro. Y también sufrían una maldición como la mía. Durante mucho tiempo salí como lobo con Antonio y don Genaro. Atacamos y nos comimos a varias personas porque teníamos hambre”.

Manuel Blanco Romasanta, CAUSA Nº 1778: CAUSA CONTRA HOMBRE LOBO, JUZGADOS DE ALLARIZ (ORENSE)

Hoy el bosque es un lugar tranquilo, ideal para un cómodo paseo, con una superficie de 1.9 hectáreas, en los once kilómetros de perímetro y en estos momentos es uno de los bosques de “bidueiros” mejor conservados de Galicia  y uno de ejemplos de vegetación eurosiberiana más meridional de noroeste peninsular. El espacio  goza de la denominación de Zona de Especial Protección, ZEPVN, lo que garantiza su conservación en el futuro.

Anxo Rial./ RKV

 

TravelAventura. Un viaje con la música.

 

Con al música siempre de fondo emprendemos en este episodio de TravelAventura un viaje con la buena música, combinaciones de Peter Gabriel, recordando su magnifico primer trabajo tras la separación de Genesis. También nos acercamos al jazz cálido de la cantante Carmel y su formación.

Que decir a estas alturas de Joe Jackson, pues casi nada. Este músico nacido de la Nueva Ola británica ha sabido caminar por los entresijos del pop, las bandas sonoras o el jazz. Hablando de jazz visitamos la unión musical de Chick Corea y Steve Vai, todo un lujo de dos mundos antagónicos.

Cracovia en Otoño.

Cracovia, es a día de hoy una de las ciudades más bonitas de Europa y creedme que no exagero,  pero en otoño, esta belleza no tiene competencia. En la construcción de la cuidad han trabajado famosos artistas y arquitectos durante muchos años, artistas de la construcción de diferentes países que han dejado esta ciudad con una personalidad difícil de igualar. La UNESCO decidió en 1978 declarar su casco histórico patrimonio de la humanidad y dicen que para buscar el verdadero espíritu de Polonia hay que buscarlo aquí, en Cracovia.

Afortunadamente la ciudad no fue muy dañada durante las guerras mundiales y se conservan intactos la mayoría se sus edificaciones más importantes y singulares. Pasear por sus calles es un verdadero placer y más aún si nos dejamos caer por la Plaza Mayor del Mercado o Rynek Glowny, una plaza que recuerda la Gran Plaza de Bruselas o la Piazza San Marco en Venecia. En un día cualquiera, el visitante encontrará cracovianos dando un paseo, músicos ambulantes o estudiantes universitarios, además de los asombrados turistas, que no damos crédito a semejante bullicio.La primera mención de la villa hay que buscarla a mediados del siglo X, antes del año 992 ya se había incorporado al Reino de Polonia, en el 1000 era sede del obispado y en el 1038 ya era capital. Es por lo tanto normal la cantidad de edificios y fortalezas que vemos a nuestro alrededor. Es muy recomendable visitar la puerta de Florián con su mercado de pintura, lo que alguna vez fue la principal entrada de la ciudad, ahora es la sede de un floreciente espectáculo de arte al aire libre.

El Sukiennice, o El Mercado de las Pañerías, domina la plaza. Aquí era donde los mercaderes vendían antiguamente sus mercancías. Hoy, los que visitamos el lugar podemos admirar y adquirir arte local, suvenires de Polonia o simplemente deleitarnos con un café en cualquiera de las terrazas que dominan la plaza. Si después del aperitivo tenemos hambre, siempre podemos buscar muchas de las ofertas gastronómicas, pero si de verdad queremos ir a un lugar histórico, debemos llegar hasta el restaurante Wierzynek, tal y como alguna vez lo hizo la realeza. Esta institución polaca es el restaurante más antiguo en funcionamiento de Europa. Hay que remontarse hasta 1364 cuando Mikolaj Wierzynek preparó un famoso banquete de bodas para la nieta del Rey Casimiro el Grande. En su interior podéis comer en los salones decorados con antiguos candelabros, viejas armaduras de guerra y vetustos relojes, siempre degustando la exquisita y copiosa comida polaca.

La Torre del Ayuntamiento, donde también hay un museo, permite elevarse sobre el suelo y contemplar unas espléndidas vistas del entorno, con la Iglesia de Santa Maria,  es una perspectiva diferente que nos ayudan a enmarcar las dimensiones de la plaza y los edificios que la rodean. En la visita, no debemos olvidar el distrito Kazimierz, uno de los principales centros de la religión, cultura y aprendizaje judíos desde el siglo XV, ahora se vanagloria de poseer un gran complejo de arquitectura histórica restaurada, un lugar tranquilo para pasear, donde es muy recomendable buscar unos de los cementerios judíos, el que es gratis y más alejado del bullicio, este camposanto es un verdadero recinto de tranquilidad, donde tumbas de todas las épocas, tapizadas de hojarasca dan un toque misterioso al lugar.

El camino a la colina Wawel discurre sobre un parque, son los jardines que rodean la parque antigua de la cuidad y una explosión de color en estas fechas. Al final de este recorrido ya son visibles las torre de la colina, allí se reúnen diversas fortalezas y fortificaciones, desde sus murallas se contemplan unas vistas espectaculares de toda la ciudad y para terminar el día, nada mejor que hacerlo junto a muchos polacos, en el parque de las  orillas del río Vístula, contemplando como el sol del atardecer enciende el amarillo de los árboles.

Anxo Rial. / RKV.

Estas en Babia, descanso de reyes.

El pastor miraba el reconfortante fuego, hipnotizado. Caía la tarde en las llanuras extremeñas y el cielo se teñía de una fusión de rojo y azul, un azul limpio que prometía una noche fría y plagada de estrellas. Mientras, sus pensamientos vagaban lejanos, pensaba en su familia, en sus tierras leonesas, en sus montañas, los bosques y esos roquedos de caliza brillante a la luz de la luna. Escuchaba de fondo las voces de sus compañeros, también pastores, que en torno al fuego le llamaban, el, absorto solo entendía a descifrar “déjalo, déjalo, está en Babia”.

Esta es una de las versiones, quizás la más romántica de la procedencia del término “estas en Babia”. La otra habla de reyes, de la Edad Media y la afición por los nobles de León a la caza. A Babia se retiraban a descansar cuando los problemas de la corte comenzaban a hacer mella en su tranquilidad. Estas ausencias del monarca a los problemas cotidianos, llevaban a muchas preguntas sobre su paradero, la respuesta era obvia, el rey está en Babia.

La carretera que une los Barrios de Luna, con la comarca de Laciana, funciona como arteria comunicativa de esta zona del norte de León, en ella, tras pasar la ermita de la Pruneda, encontraremos un cartel, que con un simple “estas en Babia”, nos da la bienvenida a una comarca única. Esta ventana dibujada por el artista babiano Manuel Sierra, marca el comienzo de un espacio natural de amplias praderas verdes, montañas y bosques. El Parque Natural de Babia y Luna, ha sido declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en el 2004. Aquí se levantan algunas de las cumbres más interesantes de esta cordillera y una de las más significativas y visitadas es Peña Ubiña, que con sus 2.411 m, mira desde lo alto todo el valle que da cobijo a pueblos como San Emiliano, Candemuela, Torrebarrio, Genestosa o Villagusán, asentamientos típicos del norte de León, donde la ganadería todavía subsiste como principal argumento de sus habitantes. En estos pastos se cruzan las yeguas españolas con sementales de tiro franceses,  dando como resultado la raza Hispano-Bretón, destinada especialmente para consumo y su carne es ensalzada cada mes de noviembre en las Jornadas Gastronómicas del Potro Hispano Bretón.

San Emiliano, funciona como centro administrativo de las poblaciones de Babia de Abajo, muestra una recia arquitectura de montaña y es recomendable visitar la pequeña iglesia con planta de cruz latina, bóveda de cañón, cúpula y un interesante color interior. Desde los aledaños del templo se puede observar una notable población de cigüeñas, que cada primavera colonizan el único promontorio rocoso que aflora sobre los tejados. La pequeña población también funciona como puerta de entrada a las conexiones con la vecina Asturias, límite de Babia por el norte, a través del puerto Ventana. Desde los 1.587 m de este antiguo paso fronterizo se contemplan unas magníficas panorámicas de todo el macizo montañoso de Peña Ubiña y los valles ocultos donde, siempre custodiadas por el perro Mastín Leones, las ovejas semejan chinchetas sobre un lienzo verde. Desde puerto Ventana, retrocedemos para visitar Torrestio, un pueblo que guarda algunos ejemplares de hórreos típicos asturianos y donde es palpable que las fronteras son solo lindes administrativos, aquí la arquitectura y las costumbres nos recuerdan a la vecina Asturias. También en el pueblo, las gallinas son protagonistas y campan a sus anchas, los vecinos han creado su propia y curiosa señal para advertir al conductor de su presencia. Desde Torrestio, son accesibles los cercanos lagos de Somiedo, tan solo tendremos que remontar los casi cuatro kilómetros que nos separan del alto de La Farrapona. Si no queremos desembolsar tanto esfuerzo, desde el pueblo parte un bonito, corto y cómodo paseo a la cascada de Valverde, que nos permite una visión diferente de este pequeño núcleo urbano.

De nuevo en San Emiliano, buscamos la carretera principal, que enmarcada entre prados y cumbres, nos lleva, con dirección sur a Riolago, allí sobre el antiguo Palacio de los Quiñones, del siglo XVI, se asienta la Casa del Parque Natural de Babia y Luna. El suntuoso edificio alberga exposiciones didácticas e intuitivas, donde el visitante puede conocer las características de la comarca de Babia, su fauna y su flora. Pero Rioladelago, como se conocía antiguamente, no solo alberga el Palacio,-que por cierto es  uno de los edificios más relevantes de la arquitectura civil de la montaña occidental de León,- si no que dentro del pueblo destacan varios exponentes de arquitectura religiosa y numerosas casas señoriales y es que en su día Riolago albergo un considerable número de cabezas de ganado, lo que en tiempos aportaba relevancia y riqueza al pueblo.

Cercano a Riolago, se encuentra la localidad de La Torre de Babia, el pueblo se esconde entre montañas y es aquí donde se han hallado restos de los pobladores más antiguos de Babia. Se conservan los restos de una construcción fortificada del medievo, varios molinos tradicionales, la ermita de San Vicente y la antigua fábrica de luz.  Pero quizás la joya más preciada sea un interesante museo dedicado a la etnografía y la trashumancia, una colección familiar de más de tres mil piezas relacionadas con las costumbres y el pastoreo, pues toda esta zona desplazaba sus rebaños durante varias jornadas buscando en Extremadura pastos mejores para el ganado. Desde Torre de Babia, parte una de las rutas más populares de la comarca, la que lleva a la laguna de Las Verdes, un recorrido de 13 kms que nos conduce a un bello paisaje de alta montaña, un circo glaciar rodeado de cumbres, con una preciosa laguna como principal protagonista y que en época estival cubre su lámina de agua con plantas de intenso verde, de ahí su nombre.

La Cueta, es el pueblo más alto de León, este pequeño núcleo situado a 1.442 metros de altitud, se ha recuperado de un abandono casi total y hoy, totalmete rehabilitado, es un buen exponente de lo que antaño era una aldea de montaña leonesa, con casas tradicionales espaciosas, con tejado de pizzara y donde las tranquilidad se respira con cada paso. El lugar es un magnifico punto de partida para acercarnos al nacimiento del Rio Sil y a los lindes del Parque Natural de Somiedo. En la misma carretera que sube a La Cueta, se encuentra el Rincón de Babia, una posada real, donde asisto a una de las tradiciones de la comarca, el Calecho y Filandón, eran reuniones de vecinos, mucho antes de la existencia de la televisión o internet y donde se ponían al día en la actualidad vecinal,  esto servía para unir a las personas y estrechar vínculos. Sus cuentos de antaño, hablan de una comarca rica, llena de vida y sobre todo bella. La misma tierra que hoy atrapa al visitante, invitándole a desconectar de un mundo acelerado y al igual que el pastor que añoraba sus paisajes, dejar volar sus sentidos por las tierras de Babia.

 

Anxo Rial.

 

 

Hayedo de Ciñera, la magia del pequeño bosque.

 

El año 2007 fue un gran año para el bosque de Ciñera, en León, los astros se alienaron y junto con la asociación de Bosques sin Fronteras y el Ministerio de Medio Ambiente, otorgaron el premio de Bosque Mejor Cuidado.

En ello tiene mucho que ver la labor vecinal, que de unos años a esta parte se empeñaron en recuperar y lo que es más importante, proteger este pequeño hayedo. El Fayedo pertenece a la Cordillera Cantábrica y se encuentra dentro de la Reserva de la Biosfera del Alto Benesga, en otros tiempos zona de paso de las poblaciones orientales y occidentales del oso pardo. Adentrarse en el hayedo es hacerlo en un decorado de cuento de hadas, los troncos de las hayas están tapizados de un musgo verde intenso, bajo nuestros pasos la hojarasca tapiza el bosque de diferentes tonos ocres, caminamos con la sensación de que algo mágico puede ocurrir en cualquier momento. Dentro de este escenario hay un haya centenario, un gran árbol de más de 500 años que nos será difícil abrazar, es el más viejo del lugar y en su base un cartel informativo nos cuenta la variedad de especies que habitan dentro de este pequeño bosque.

RECORRIDO.

Partimos del centro del pueblo de Ciñera,  hay que adentrase hasta el corazón de la plaza principal para localizar una pista que nos lleva a la bocamina de Ciñera.  Al abandonar el núcleo de casas, justo al lado de unas naves de nueva y desafortunada factura, la pista se cierra la tránsito rodado, por lo que si vamos en automóvil no tendremos más remedio que dejarlo en este lugar, desde aquí hay que proseguir andando entre pastizales y campos del cultivo, para después de un kilometro llegar a un pequeño puente que debemos cruzar, así desembocamos en el primer desfiladero, una angostura que esconde la ladera boscosa de Ciñera.

Primero contemplamos el bosque desde unos prados, donde lo lugareños han instalado un área recreativa. Al final del descampado un puente de madera de dudoso aspecto nos invita a adentrarnos en el misterio del bosque. La senda serpentea a través del hayedo, siempre con el nervioso rio como compañero de viaje, así hasta un nuevo desfiladero donde el camino está armado con puentes de madera que colgado sobre el rio nos lleva hasta las cascadas conocidas como “marmitas de gigante”. En este lugar podemos darnos la vuelta o alargar la ruta dos kilómetros más hasta el próximo pueblo, este es un antiguo camino que los lugareños utilizaban entre Ciñera y la población de Villar del Puerto.

Anxo Rial / RKV.