TravelAventura. Zermatt, la perla de los Alpes.

Hoy viajamos hasta Zermatt, lo hacemos en tren, porque si de algo presume este pequeño pueblo de la montaña Suiza, es que está libre de automóviles a motor de combustión. La única manera de llegar hasta allí es a través de un pintoresco trazado de vía ferroviaria que nos va descubriendo en cada curva un increíble paisaje alpino.

La villa está rodeada de 360 kms de pistas para esquiar y bien surtida de boutiques de todo tipo, tiendas de deporte, restaurantes y agencias que nos llevan y organizan nuestras ansias de aventura, si así lo deseamos. Zermatt, bien podría ser como un “Mónaco” entre montañas y los Alpes un magnifico decorado para los más atrevidos montañeros. No en vano, el Cervino se presenta a los ojos del viajero como un icono del montañismo, de un montañismo peligroso, su ascensión se ha cobrado muchas vidas a lo largo de la historia y a día de hoy sigue siendo uno de los picos más temibles y desafiantes de los Alpes.

En Zermatt conviven varios mundos, desde el turista con ansias montañeras, al que solo desea visitar un coqueto y acogedor pueblo de montaña, pasando por amantes del sky o los verdaderos montañeros. En el pueblo existe un curioso cementerio, adornado con las tumbas de los montañeros que perecieron en estas montañas. Sobre las lapidas descansan piolets, crampones y todo tipo de artilugios ligados al mundo de las grandes escaladas, como una ofrenda a sus hazañas en vida.

Una magnifica opción para explorar estos territorios alpinos, es tomar cualquiera de los muchos funiculares y cabinas que nos trasportan lejos del suelo. En la orilla del rio Vispa, un funicular subterráneo, que atraviesa Zermatt, se eleva hasta los 2000 metros, para ofrecernos unas vistas inolvidables de los verdes prados, sus pequeñas casas de madera y todo recortado contra unas montañas imponentes. Desde la estación de altura del funicular, donde por supuesto hay una cafetería, parten una serie de senderos que nos adentran con más o menos dificultad, en diferentes capas de altura. Desde cortos paseos al bonito lago Leisse, donde el Cervino refleja su escarpada silueta, a largas caminatas para ver el Monte Rosa o cualquiera de los muchos montes que sobrepasan los cuatro mil metros, hay hasta 38 que sobrepasan esa altura. Hay más de 4000 kms de senderos perfectamente señalizados, recordad que estamos en Suiza y todo está ordenado, organizado y limpio.

Aunque Zermatt alcanza su esplendor en invierno, cualquier época es buena para visitar este lugar, aquí se puede esquiar todo el año, el glaciar alberga el área de esquí estival más grande del mundo, con 21 kms de pistas. La primavera se inicia con el festival Zermatt Unplugged y a partir de ahí, los actos culturales no paran de animar este pueblo de montaña. Solo, un último apunte, ir preparando vuestras credicard, ya que van a estar igual de animadas con el alto nivel de vida suizo.   Anxo Rial / RKV.

TravelAventura. Tappan Zee Records.

El sello discográfico Tappan Zee, nace en verano de 1977 por iniciativa del pianista, compositor y productor americano Bob James, donde a través de esta nueva plataforma comienza a publicar, especialmente sus grabaciones y de músicos afines al nuevo jazz-fusión. Bob James, era ya una persona popular en los ámbitos musicales de New York, primero como arreglista para la casa A&M Records, donde supervisaba éxitos para Paul Simon, Neil Diamond o Kenny Loggins.

En el tiempo que trabajaba para el sello CTI, del productor Creed Taylor, el señor Bob James comenzó a madurar la creación de su nueva plataforma, quizás en su camino a casa, cruzando uno de los puentes sobre el rio Hudson. Fue precisamente el puente Tappan Zee sobre la carretera 287, la que daría el nombre definitivo al nuevo proyecto.

El sello discográfico funcionaba como una gran familia y los músicos integrantes, además de grabar allí, colaboraban dentro de los nuevos discos y grabaciones. Además de James, comenzaron a llegar Richard Tee, Wilbert Longmire, Mongo Santamaria o Steve Khan, quien utilizaba el sello para lanzar su carrera como solista. En la órbita del estudio, acudían Earl Klugh, Eric Gale, Steve Gadd o Ralph MacDonald.

Tappan Zee Records, desapareció a comienzos de los años 80, cuando las tendencias del jazz comenzaron a mudar a otros estilos. En el año 1985, Bob James dejo Columbia, para comenzar a trabajar con otros sellos discográficos, además de consolidar otros proyectos, curiosamente, contando con muchos de los músicos de la época dorada de Tappan Zee.

Anxo Rial. RKV

TravelAventura. Bosque de Fendoal.

La pequeña ría de Aldán es un remanso de paz, un reducto de tranquilidad entre los escarpados acantilados de Cabo Udra y la extensa y abrupta Costa da Vela. La visión de esta coqueta ría desde cualquiera de las atalayas que rodean el pueblo, resulta cuando menos idílica y evocadora, los atardeceres veraniegos en su ensenada atraen a numerosos turistas en época estival. Las casas de Aldán, de piedra y evidente corte marinero, bajan desde la pequeña colina hasta abrazar el mar.

La fisonomía de este lugar se comparte entre el puerto, del que cada jornada descargan buen género para surtir a los restaurantes, en otro lugar la playa de San Cibrán, en cuyo arenal descansan pequeñas barcas, formando una estampa que fácilmente podría ser el lienzo de un pintor. A espaldas de la playa, sobresaliendo entre los tejados se alza la almena de La Casa Torre de Aldán, perteneciente a los Aldao, la familia que dio nombre al lugar y que ya desde la Edad Media eran noticia por sus enfrentamientos con el sanguinario Pedro Madruga por el domino de las tierras, más tarde los Condes de Canalexas custodiaron el Palacete-Castillo, convirtiéndose en grandes terratenientes de la comarca.

Fue la influencia de los condes, lo que dio lugar a la Finca de Fendoal, antiguamente ligada al castillo y hoy separada de la propiedad cuando a principios del siglo XX, se trazaba la actual carretera que partía en dos la enorme propiedad. La extensa finca es de titularidad pública y caminar por su interior nos transporta a otros tiempos, donde los señores feudales utilizaban el espacio como ejercicio de la caza y finca de retiro, es un bosque medieval.  Anxo Rial / RKV.

 

TrevelAventura. Viajando por La Cabrera.

De La Cabrera fluye un extraño poder que magnetiza al visitante,  la sensación de aislamiento que se percibe en estas tranquilas tierras fronterizas, es la que nos hace sentir como auténticos exploradores, como si nadie hubiese pisado antes estos parajes. Con una importante labor de futuro, el retornar una y otra vez para descubrir las excelencias de valles ocultos y disfrutar de la palabra amable de sus gentes.

A medida que nos introducimos en la Cabrera, todo hay que decirlo, por retorcidas y estrechas carreteras, la sensación de lejanía con las urbes más urbanizadas se acentúa. La arquitectura elaborada en ruda cantería, pizarra y madera llama poderosamente la atención y ayuda a establecer las diferencias entre ambos mundos, sorprenden también por su antigüedad. Así Lugares como Villar del Monte, Castrohinojo o Truchillas albergan buenos ejemplos de estas antiguas y curiosas viviendas, pues aun hoy estas construcciones dan cobijo a las escasas personas que habitan en la Cabrera, habitantes de avanzada edad, pues las nuevas generaciones han partido buscando la prosperidad en otros lugares. Los ancianos todavía tratan de mantener a raya el avance de la maleza en sus cultivos, en las mismas huertas que en otros tiempos servían como unión entre todos los vecinos y abastecían a toda la comunidad. Hoy las cosas son diferentes y algo de nostalgia de tiempos pasados asoma en la mirada de estos campesinos.

Eslovenia, Belleza en Pequeñas Fronteras.

Desde lo alto de las murallas del castillo medieval de Ljubliana las vistas sobre el casco antiguo de la ciudad son extraordinarias, las calles se atrincheran en torno al rio en paisaje acogedor. También es desde este lugar donde contemple por primera vez las últimas estribaciones de los Alpes antes de diluirse en las llanuras del centro de europa. En un día claro, desde aquí, los Alpes Julianos resultan majestuosos.

 La primera parada es Bled y su Lago, rezuman paz y tranquilidad, esta pequeña población es un centro de actividades y habitualmente principio y fin de las excursiones por los Alpes Julianos. Bled reúne en una sola estampa esa imagen idílica de los paisajes de montaña. Ya el poeta esloveno France Preseven los definió como “la imagen del paraíso” El lago dibuja un ovalo rodeado de bosques, mansiones y hoteles centenarios. Sobre un espectacular farallón rocoso, un castillo con aspecto inaccesible vigila la pequeña villa desde hace mil años y en el centro del lago, una isla diminuta, con una iglesia pequeña de campanario afilado refleja su silueta en las aguas del lago. La historia de Bled viene de la mano del médico suizo Arnold Rikki el en 1855 creó una escuela naturista, un centro de salud vanguardista para la época, aprovechando las condiciones climáticas del lugar. Sus métodos curativos atrajeron a los nobles adinerados del momento y desde entonces Bled es un lugar tradicional de descanso vacacional. Por supuesto no debemos dejar de visitar el castillo medieval y el paseo a la isla a cargo de barqueros y sus singulares barcazas a remos es absolutamente recomendable.

Abandonamos Bled con dirección a Kranjska Gora un pequeño pueblo cercano a la frontera con Austria, donde dicen que en este lugar el frio es repartido para toda Eslovenia, no es difícil llegar aquí a los 20 grados negativos en pleno invierno, es la nevera del país. Hoy eso no es una desventaja,  se ha convertido en una referencia importante gracias al auge del turismo y los deportes de invierno y cuando el tiempo esta mas gélido, más protagonismo tiene la región. El objetivo es hacer dos de las rutas más emblemáticas de esta zona de los Alpes Julianos y Kranjska Gora es el punto de partida para adentrarme en las montañas.  Nada más salir del pueblo me encuentro con el pequeño lago de Jasna, con un verde intenso en sus aguas y la estatua de un bucardo contemplado las imponentes montañas y mi próximo destino, el puerto de Vrsic.

La carretera que serpentea hasta los 1611 ms del puerto se retuerce sobre sí misma en innumerables curvas de segunda velocidad. La ruta fue abierta durante la Primera Guerra Mundial por 10.000 prisioneros rusos, con el objetivo de habilitar una vía para el suministro de materiales de guerra y comida al ejército austro-húngaro que luchaba en el vecino e inaccesible valle del Soca, al otro lado del puerto. Muchos prisioneros murieron de agotamiento y enfermedad en el empeño de hacer practicable este paso entre montañas, pero la mayor tragedia fue la gran avalancha que marzo de 1916 arrasó toda la ladera de la montaña,  causando la muerte de más de un centenar de prisioneros rusos.

La carretera, todavía conserva los adoquinados construidos por los prisioneros en los tramos más empinados del recorrido y alcanza las 24 curvas perfectamente numeradas hasta lo alto del puerto. En este paseo hacia las alturas, no debemos pasar por alto la figura de Ajdovska Deklica, que no son otra cosa que los rasgos de un rostro de mujer con semblante triste dibujados por la naturaleza en uno de los contrafuertes de la pared rocosa del monte Prisank o la pequeña ermita ortodoxa de madera conocida como la Capilla Rusa, en la cerrada curva numero 8, construida en 1917 por prisioneros rusos en homenaje a sus compañeros muertos en la construcción de la accidentada carretera. Pero hay más, hasta el puerto veremos pequeños cementerios y tumbas sin nombre.

Valle del Soca.

En el lado opuesto del puerto de Vrsic, la carretera desciende durante 26 apretadas curvas hacia el valle de Soca, el rio esmeralda que recorre el fondo del valle. Unas tierras marcadas por las luchas entre 1915 y 1917, decenas de miles de soldados austriacos e italianos perecieron en combate en estas montañas, denominadas frente del Soca. Pequeños museos, esculturas, tumbas sin nombre, ruinas y fortalezas como la de Kruze o Predel nos van recordando el lugar en el que estamos. En el lugar la práctica habitual es el rafting sobre las aguas del Soca, pero hay lugares para practicar senderismo o escalada.

Lago Bohinj

Este lago pertenece al Parque Nacional del Triglav, es el lago natural más grande del país. El entorno del lago es totalmente idílico está rodeado de frondosos bosques de hayas y en otoño luce sus mejores galas. Desde unos de los extremos del lago, se puede tomar un teleférico que nos lleva hasta los 1800 mts de la estación de Visoki, donde las panorámicas del lago y el monte Triglav son espectaculares. En la base del lago una carretera lleva a Ukanc, desde allí un pequeño paseo de 45 minutos entre el bosque nos lleva rio arriba hasta la espectacular cascada de Savica (Slap Savica).

Anxo Rial / RKV.

TravelAventura. Monte Louro.

El Monte Louro y su esbelta silueta ya es visible desde las costas de Porto do Son. Allí en el horizonte se muestra como un centinela pétreo, frenando los ímpetus de un Océano Atlántico libre de ataduras, controlando el pasadizo que da lugar a la ría de Noia y Muros. A pesar de su modesta altitud, pues no sobrepasa los doscientos cincuenta metros, el monte parece emerger directamente de las profundidades, como un dios altivo y poderoso. Un lugar mágico y lleno de belleza natural.

Las leyendas, al igual que en otras partes de Galicia, hablan de ciudades sumergidas por alguna maldición o personas tragadas para siempre en las aguas de la laguna de As Xarfas, santuario natural que se asienta a sus pies, pero historias más palpables sitúan en el monte a los temidos piratas, que de alguna forma utilizaron esta atalaya para organizar  y controlar sus reiterados ataques a Muros y Noia. A consecuencia de estas intrusiones se levantó en 1520 y por orden del arzobispo Alonso Fonseca III, un castillo que serviría para ahuyentar a los forajidos del mar. Años más tarde una pequeña capilla hacia compañía en la cumbre del monte al castillo. Hoy solo quedan ruinas y piedras esparcidas que hablan de esos episodios históricos.    Anxo Rial / RKV

 

TravelAventura. Pozas de Melón.

Las Pozas de Melón, que en realidad deberían llamarse, del río Cerves, pues es allí donde se encuentran, son casi un territorio fronterizo, pues están localizadas en los últimos alientos de la provincia de Ourense antes de dar paso a las tierras altas de Pontevedra. Ya a finales de los años setenta, las piscinas de Melón eran conocidas como un escondido refugio para atrevidos bañistas que renunciaban al bañador. Con las obras de la moderna autovía el lugar sufrió un importante revés, parte de esta privacidad de antaño se vio truncada al ser instalado, muy cerca del cauce del rio, uno de los pilares que sustenta parte de uno de los viaductos. Afortunadamente, en los últimos años y con buen criterio por parte de las administraciones, el cauce y la gran cascada se han acondicionado para el disfrute de todo el visitante que se deje cautivar por los encantos que guarda este pequeño espacio.

Melón es un pueblo que creció a los márgenes de la antigua carretera que unía Vigo con las tierras ourensanas, prosperó y de alguna forma se estancó cuando entró en servicio la actual autovía. El alejamiento de esta arteria rodada ha convertido al lugar en una plaza sosegada, jugando a favor del visitante que busca espacios tranquilos. Es al llegar al centro del pueblo cuando se aprecia el esplendor del pasado, unos enormes robles, ocultan parcialmente uno de los mayores atractivos arquitectónicos del lugar, el monasterio de Santa Maria de Melón, que sorprende por su imponente porte.

No hay que llevarse a engaño, el cenobio fundado en 1158 por los monjes del cister, ejercían un férreo control de las tierras, en la cuales basaron su principal economía. Su dominio en el siglo XII llegaba hasta la costa, Vigo dependió muchos años del monasterio y las pretensiones del clero era centralizar el comercio marítimo de la ría viguesa en la vecina Redondela.

El declive del monasterio y su ruina llegó con la desamortización eclesiástica del siglo XIV, los monjes abandonan el lugar y la falta de mantenimiento llega a la iglesia y el claustro. Como curiosidad, decir que gran parte de la piedra de su iglesia fue vendida para la construcción del templo de A Cañiza, en ese momento se pagaba a una peseta el carro de piedra. Hoy está restaurado y se puede recorrer esos pasillos de antaño.

Anxo Rial. / RKV.