TravelAventura. Pozas de Melón.

Las Pozas de Melón, que en realidad deberían llamarse, del río Cerves, pues es allí donde se encuentran, son casi un territorio fronterizo, pues están localizadas en los últimos alientos de la provincia de Ourense antes de dar paso a las tierras altas de Pontevedra. Ya a finales de los años setenta, las piscinas de Melón eran conocidas como un escondido refugio para atrevidos bañistas que renunciaban al bañador. Con las obras de la moderna autovía el lugar sufrió un importante revés, parte de esta privacidad de antaño se vio truncada al ser instalado, muy cerca del cauce del rio, uno de los pilares que sustenta parte de uno de los viaductos. Afortunadamente, en los últimos años y con buen criterio por parte de las administraciones, el cauce y la gran cascada se han acondicionado para el disfrute de todo el visitante que se deje cautivar por los encantos que guarda este pequeño espacio.

Melón es un pueblo que creció a los márgenes de la antigua carretera que unía Vigo con las tierras ourensanas, prosperó y de alguna forma se estancó cuando entró en servicio la actual autovía. El alejamiento de esta arteria rodada ha convertido al lugar en una plaza sosegada, jugando a favor del visitante que busca espacios tranquilos. Es al llegar al centro del pueblo cuando se aprecia el esplendor del pasado, unos enormes robles, ocultan parcialmente uno de los mayores atractivos arquitectónicos del lugar, el monasterio de Santa Maria de Melón, que sorprende por su imponente porte.

No hay que llevarse a engaño, el cenobio fundado en 1158 por los monjes del cister, ejercían un férreo control de las tierras, en la cuales basaron su principal economía. Su dominio en el siglo XII llegaba hasta la costa, Vigo dependió muchos años del monasterio y las pretensiones del clero era centralizar el comercio marítimo de la ría viguesa en la vecina Redondela.

El declive del monasterio y su ruina llegó con la desamortización eclesiástica del siglo XIV, los monjes abandonan el lugar y la falta de mantenimiento llega a la iglesia y el claustro. Como curiosidad, decir que gran parte de la piedra de su iglesia fue vendida para la construcción del templo de A Cañiza, en ese momento se pagaba a una peseta el carro de piedra. Hoy está restaurado y se puede recorrer esos pasillos de antaño.

Anxo Rial. / RKV.

Cañón del rio Gorgua. En compañia del musgo.

La naturaleza se ha mostrado generosa y nada monótona con las tierras del sur de Ourense, creando colinas y sierras que se coordinan para dar al paisaje una pincelada armoniosa e interesante. Allí se abre la depresión que da lugar al valle del Gorgua, por cuyo fondo discurre un caudaloso rio, también conocido como Rego do Patén. Un estrecho y frondoso valle, muy bien enmarcado por castaños centenarios, laureles y robles que han encontrado en estas humedades, un clima idóneo para prosperar. El Gorgua traza un recorrido accidentado, donde los saltos de agua o “corga”, que es la denominación de las cascadas en estas tierras, se convierten en espectaculares saltos que alimentan los molinos, o lo que queda de ellos, pues el tiempo y la propia naturaleza han disimulado su presencia, para dejarlos en simples huellas del pasado.

Anxo Rial / RKV.

Santa Engracia y la Garganta de Kakueta.

El valle de Santa Grazi es uno de los más pintorescos y bellos de Zuberoa, prados, bosques de hayas y gargantas dan al paisaje pinceladas de sosiego y paz. Sin duda uno de sus atractivos es su pequeña iglesia de origen románico, un templo del siglo XI asentado sobre una colina herbosa y llamado oficialmente Urdatx hasta 1476. Este tuvo una importancia relevante durante la Edad Media por ser etapa del Camino de Santiago, por aquel entonces muy transitado por esta parte de los Pirineos.

A mediados del siglo XII la Colegiata de Santa Engracia estaba en un estupendo estado de salud, contando incluso con un pequeño hospital en los aledaños del templo que acogía a los peregrinos en su peregrinar a Santiago de Compostela. Los vaivenes políticos de esta zona de los Pirineos fueron provocando la decadencia de la Colegiata. En el siglo XIV fueron los conflictos entre los reyes de Inglaterra y de Francia, con la “guerra de los cien años, el  siglo XV no fue mejor para los intereses del lugar,  los continuos enfrentamientos entre franceses y castellano-aragoneses por el control de Navarra hicieron que pasar por el lugar no fuera una empresa segura, más tarde en el XVI las Guerras de Religión que asolaron todo el reino de Francia dejaron olvidada y desatendida la colegiata. Finalmente la iglesia fue clasificada Monumento Histórico Francés en 1841, para ser restaurada en 1983.

 

Cuando en 1906 el abogado francés apasionado de las ciencias naturales y la geografía Édouard-Alfred Martel se adentraba por primera vez en los estrechamientos rocosos que hoy conocemos como las gargantas de Kakueta es de imaginar que no sospechaba que el lugar se convertiría en uno de los más espectaculares de Europa, atrayendo a miles de visitantes cada año para recorrer los dos kilómetros de recorrido y disfrutar de esta maravilla de la naturaleza.

Las gargantas fueron acondicionadas al público y abiertas en 1967, hoy disfrutan de la protección de espacio protegido, su recorrido permite contemplar un verdadero espectáculo natural. El trayecto por Gorges de Kakouetta comienza después de abonar la cuota de entrada, nada más traspasar la verja encontramos un pequeño lago formando por las aguas del rio, tras pasar un pequeño puente colgante nos adentramos en un tramo boscoso muy verde y frondoso, donde el ambiente húmedo es importante y donde casi parece que nos hallamos en un bosque tropical.

La senda, bien acondicionada se adentra en un túnel excavado en la roca y nada más salir de esta cavidad, el camino muda sus dimensiones y se cuelga de varias pasarelas de madera en uno de los pasajes más estrechos y espectaculares del recorrido, donde los dos muros calizos quedan separadas en algunos tramos por tan solo tres metros de distancia, es el punto conocido como “Le Grand Etroit”, el gran estrecho, aquí las alturas alcanzan los trescientos metros. Tras cambiar de orilla por un pequeño puente desembocamos en un terreno más abierto con una flora abundante y exuberante y donde la luz se cuela muy pocas horas al día. Ante nosotros surge de la misma piedra la cascada de Kakueta, de unos 20m de altura invita a tomar un respiro y contemplar esta maravilla de la naturaleza. El camino, intencionado o no, pasa justo en frente de la cascada, lo que asegura una suave lluvia refrescante, pero es toda una experiencia tomar la senda que circula a espaldas de esta surgencia de agua, con este recorrido estaremos justo detrás y debajo de la cascada, pero sin mojarnos.

A partir de aquí el terreno se vuelve un poco caótico, con grandes bloques que hay que esquivar para afrontar el último tramo de subida que atraviesa un pequeño bosque desde el que se contempla ya la entrada a la Grotte du Lac, una cueva que se encuentra al final del recorrido en la que hay varias formaciones de estalactitas y estalagmitas, es un punto que si vamos acompañados de niños, sin duda se sentirán como si fueran auténticos exploradores. Solo resta volver a nuestro punto de partida por el mismo recorrido, hacerlo sin prisa y disfrutando de todos los detalles que nos ofrece este espectacular recorrido.

 

Anxo Rial./ RKV.