TravelAventura. Torun, reflejos en el Vístula.

La ciudad polaca de Torun, es de las pocas que sobrevivió a la masacre destructiva de la segunda guerra mundial, aquí en esta bonina villa de ladrillo rojizo, solo se vieron afectadas dos construcciones, todo lo demás aguanto como por arte de magia la lluvia de bombas enemigas. Hoy contemplar su silueta reflejada en las aguas del rio Vístula es un verdadero viaje medieval, la herencia de la Orden Teutónica.

Montenegro. El fiordo Europeo.

  • Las bocas de Kotor forman el fiordo más meridional de Europa, una lengua de agua que se abre paso a lo largo de veinte y ocho kilómetros entre empinadas montañas de blanco calcáreo. Visitar este maravilloso emplazamiento es una experiencia inolvidable, especialmente para los que se conmueven con los paisajes grandiosos y por un momento podríamos pensar que nos encontramos en la fría Noruega. No es así, esta garganta por la que se cuela el mar Adriático está situada al sur de Europa, en la república de Montenegro.

El adriático es un mar calmo y de extrema belleza, rebosante de rincones donde zambullirse en aguas turquesa y si de verdad existe el baño perfecto, sin duda es en estas aguas cálidas y transparentes. Una buena manera de acceder a este rincón es a través de alguno de los grandes trasatlánticos que hacen la ruta hasta Kotor, una experiencia sin duda espectacular. Una primera ría nos muestra el conjunto urbano de Hercer Novi, desde ese punto, el navío debe hacer un giro de noventa grados, para deslizarse entre unos acantilados que arrancan desde el mismo mar hasta un cielo azul y puro. La segunda bahía, la de Trivat da paso al estrecho de Verige, este es un angosto paso de apenas 340 metros que semeja una postal de cuento fantástico.

El trayecto por tierra no es menos impresionante. Una carretera estrecha recorre el litoral y nos permite circular un centenar de kilómetros por una costa interior, con esbeltos cipreses y coloridas buganvillas y con la siempre alternativa de sucumbir al baño en las apacibles aguas de la bahía. En la ensenada llaman la atención dos islotes, donde se han ubicado sendos edificios religiosos. El templo de la Señora de las Rocas y el monasterio benedictino de San Jorge parecen flotar en el agua y son el contrapunto humano ante tan apabullante naturaleza. Visitarlos no es fácil y tendríamos que buscar algún lugareño que se preste a llevarnos.

El avistamiento de la villa de Kotor no es menos espectacular, la pequeña ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Arropada dentro de unas solidas murallas que todavía conserva  desde que Justiniano I decidiera fortificar este importante emplazamiento para el Imperio Bizantino. Murallas a dentro, Kotor conserva callejuelas y plazas de coqueto diseño, tapizadas de losetas de piedra caliza, que recuerdan a muchas villas de clara tendencia veneciana.

Del núcleo de casitas apretujadas parte una calle, que al poco se transforma en senda, que gana en inclinación y que comparte toscas escaleras para alcanzar la elevada fortaleza de San Iván. Llegaremos sin aliento al lugar, pero las vistas que desde allí obtendremos bien pagan el esfuerzo. Kotor aparece bajo nuestros pies, con sus tejados rojos, las torres y la catedral de San Trifón, mas allá el fiordo de aguas azules y las montañas, como un espléndido decorado, solo que este es totalmente natural.

Anxo Rial / RKV.