Cañón del rio Gorgua. En compañia del musgo.

La naturaleza se ha mostrado generosa y nada monótona con las tierras del sur de Ourense, creando colinas y sierras que se coordinan para dar al paisaje una pincelada armoniosa e interesante. Allí se abre la depresión que da lugar al valle del Gorgua, por cuyo fondo discurre un caudaloso rio, también conocido como Rego do Patén. Un estrecho y frondoso valle, muy bien enmarcado por castaños centenarios, laureles y robles que han encontrado en estas humedades, un clima idóneo para prosperar. El Gorgua traza un recorrido accidentado, donde los saltos de agua o “corga”, que es la denominación de las cascadas en estas tierras, se convierten en espectaculares saltos que alimentan los molinos, o lo que queda de ellos, pues el tiempo y la propia naturaleza han disimulado su presencia, para dejarlos en simples huellas del pasado.

Anxo Rial / RKV.

Montederramo, el bosque del Lobishome.

El bosque de abedules de Montederramo, esta agazapado en la cara norte de las laderas de la sierra de  San Mamede, en plena montaña Ourensana. Este lugar fue un día una encrucijada de caminos, que conectaban las tierras altas de Vilar de Barrio y Maceda, con las de Queixa, a través del “camino de Santa Cruz”, con el cenobio de Montederramo como lugar de obligada parada.

Este es por lo tanto un lugar sembrado de misterios, sobre todo con la caída del sol, es en ese momento cuando fluye en la mente de los más longevos, la leyenda-crónica de Blanco Romasanta, el hombre lobo de Allariz, que a mediados del siglo XIX y según manifestó ante la justicia una vez apresado, que fue aquí, en este bosque donde devoraba, una vez convertido en “lobishome” a la mayoría de sus víctimas.

Manuel Blanco Romasanta, fue el único caso documentado de licantropía en España, refiriéndose a en este caso a la enfermedad mental, no al ser mitológico del lobo. Inteligente y culto para la época, pues sabía leer y escribir, comenzó a dedicarse a la venta ambulante. Es, a partir de entonces, que los lugareños empiezan a señalarlo como vendedor de unto (grasa) fama que se extendió rápidamente por la comunidad. Su fama asesina no le llegaría hasta que es acusado de la muerte de un alguacil cerca de Ponferrada. Condenado en rebeldía, consiguió escaparse y cobijarse en un pueblo abandonado. Es en Rebordechao donde empieza a contactar con los vecinos ganándose la confianza y amistad de las mujeres, lo cual hizo que los hombres lo llamaran “afeminado”. Ya asentado en el pueblo es cuando comienzan sus brutales asesinatos. Romasanta reconocía más tarde que, víctima de un maleficio que lo vuelve lobo, mató a 13 personas a sangre fría, usando sus manos y dientes para acabar con sus vidas y comerse los restos. El juicio (conocido como “causa contra el hombre lobo”) duró un año aproximadamente. En su defensa y en el juicio, manifestaba lo siguiente:

“La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso. Me encontré con dos lobos grandes con aspecto feroz. De pronto, me caí al suelo, comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres veces sin control y a los pocos segundos yo mismo era un lobo. Estuve cinco días merodeando con los otros dos, hasta que volví a recuperar mi cuerpo. El que usted ve ahora, señor juez. Los otros dos lobos venían conmigo, que yo creía que también eran lobos, se cambiaron a forma humana. Eran dos valencianos. Uno se llamaba Antonio y el otro don Genaro. Y también sufrían una maldición como la mía. Durante mucho tiempo salí como lobo con Antonio y don Genaro. Atacamos y nos comimos a varias personas porque teníamos hambre”.

Manuel Blanco Romasanta, CAUSA Nº 1778: CAUSA CONTRA HOMBRE LOBO, JUZGADOS DE ALLARIZ (ORENSE)

Hoy el bosque es un lugar tranquilo, ideal para un cómodo paseo, con una superficie de 1.9 hectáreas, en los once kilómetros de perímetro y en estos momentos es uno de los bosques de “bidueiros” mejor conservados de Galicia  y uno de ejemplos de vegetación eurosiberiana más meridional de noroeste peninsular. El espacio  goza de la denominación de Zona de Especial Protección, ZEPVN, lo que garantiza su conservación en el futuro.

Anxo Rial./ RKV