TravelAventura. Cabo Udra.

 

 

El Cabo Udra marca con la vecina Punta de Cabicastro la entrada a la ría de Pontevedra y al igual que la Costa da Vela, es un espacio a incluir en un futuro Parque Natural, hoy su costa está incluida en la red natura 2000 y pertenece al Entorno Marino de las Rías Baixas como lugar de especial protección.

Este punto geográfico contrasta con la suavidad de la ría más pequeña de Pontevedra, la de Aldán, pues Udra está plagado de bolos graníticos donde el mar y el viento se han dispuesto a dar a este espacio un aspecto singular, agreste y caprichoso. Al ser un terreno sin presión urbanística existe una gran variedad de especies que pueblan o visitan el lugar. Aves como la gaviota patiamarilla, cormoranes marinos y las gaviotas sombrías son los habitantes del cabo. Los mamíferos están representados por conejo, jabalí y el zorro. La vegetación, al ser un lugar constantemente barrido por los vientos marinos cargados de salitre, se limita a los resistentes y espinosos toxos, bosques mixtos de robles, pinos y eucaliptos que se asientan en los terrenos más abrigados.

Del mismo modo que Cabo Silleiro, Monteferro o el Grove, aquí en Cabo Udra se instaló en los años treinta del siglo pasado una batería militar que durante el régimen de la dictadura y la Guerra Civil servía para el control y defensa de las aguas costeras ante ataques foráneos. Hoy los cañones han sido desmantelados y tan solo quedan algunos esqueletos de las construcciones utilizadas, el edificio de telemetría, un almacén, un depósito de agua y una caseta, esta última rehabilitada para dar forma a un Aula de la Naturaleza.  La presencia de los militares también ha contribuido con el paso de los años a que la zona se mantuviera al margen de las construcciones especulativas sin control y a día de hoy, pasear por este entorno nos trasporta a lugares salvajes, paisajes ideales para disfrutar de la naturaleza y el mar.   Anxo Rial.

Caión, el inicio da Costa da Morte.

La localidad de Caión dista tan solo veinte kilómetros de la gran urbe de A Coruña, una distancia muy pequeña en el mapa, pero muy grande en cuanto a diferencias en el paisaje, de nuevo contemplamos horizontes abiertos, sin edificios que nos delimiten la vista. La villa de Caión está situada en una lengua de tierra desde la que contempla a un mar cada vez más hostil, no en vano aquí se empiezan a intuir los aires de A Costa Da Morte. Es a partir de aquí donde el mar gallego demuestra toda su bravura, en un litoral cuyo nombre ya insinúa mar revuelto y naufragios.

No resulta fácil establecer unos lindes para esta costa, pero la mayor parte de las desgracias marítimas se han producido entre Caión y Finisterre, delimitando así el litoral más agreste de la Península. Pero detengámonos por un momento en Caión, el pueblo ya fue citado por el Licenciado Molina, cuando en el siglo XVI, describía la localidad como un importante puerto ballenero. Es interesante caminar entre sus calles, visitar el Arquivo da Pesca y subir hasta la parte alta del pueblo, donde tendremos una fenomenal perspectiva de esta pequeña lengua de tierra.

Baldaio es uno de los humedales más importantes de la comunidad gallega, una zona de especial sensibilidad ambiental, Red Natura y Zona de Especial Protección para las Aves. La fisonomía de la playa ha cambiado con los años, lo que antiguamente era una ensenada, quedo cerrada por un brazo de arena, dando lugar a una laguna y un extenso cordón de casi cuatro kilómetros de dunas. Baldaio conecta con un arenal del cuaternario, la playa de Razo es una auténtica playa fósil y desde este lugar parte la Depresión Meridiana, la sucesión de fallas que rasga el territorio gallego de norte a sur y uno de los fenómenos geológicos más importantes de Galicia.

Los Molinos de Ardeleiro, son un conjunto etnográfico de construcciones levantadas en mampostería, de forma cuadrangular y cubiertos de la típica teja gallega. Estos cinco molinos aprovechaban el agua de un arroyo para realizar la molienda. Este es un conjunto curioso ya que normalmente los molinos están situados en los valles de interior, pero estos aprovechan la ladera que cae directamente al mar y casi estan bañados por las olas en tiempo de mar revuelta.

Anxo Rial / RKV.

Por tierras costeras, Noia y el Tambre.

La leyenda habla que una de las hijas del mismo Noé, llamada la niña Noela, la fundación del pueblo de Noia. No deja de ser curioso que el escudo oficial de esta ciudad costera represente la mítica arca. La tradición cuenta que fue aquí, en un peñasco llamado Pena da barca, descansó después del diluvio la barca bíblica de Noé.

La ciudad durante la Edad Media, se hizo famosa por tener uno de los puertos más frecuentados por los peregrinos que escogían la vía marítima para visitar la tumba jacobea, lo que le sirvió el apodo de «puerto de Compostela». Pero la naturaleza causo una fuerte sedimentación y su ría fue perdiendo progresivamente calado y hoy ya no es más que una marisma.

La ciudad es una urbe moderna, costera y turística, pero en el centro de la villa se encuentra uno de los cementerios más enigmáticos de Galicia. “Quintana dos Mortos” es un camposanto que según cuenta la leyenda que fue acondicionado por los monjes guerreros del siglo XIII, los caballeros templarios, quienes trajeron la tierra directamente de Palestina. En cualquier caso, el cementerio en si es una gran incógnita. En el lugar, esparcidas hay más de doscientas lapidas con una antigüedad y un simbolismo desconocido. Algunas con grabados y símbolos que no obedecen a ningún oficio conocido y por supuesto tampoco hacen referencia a ningún nombre ni fecha. Las marcadas con anclas o tijeras, tienen sus explicación en el analfabetismo de los lugareños, que marcaban la losa del fallecido con el oficio que ostentaba en vida, así las lapidas fueron pasando de generación en generación hasta ir añadiendo los nombres de la familia a medida que fueron aprendiendo a escribir.

El paseo por el este cementerio no deja de ser sorprendente, la cantidad de lapidas apiladas en los márgenes del recinto más parece una biblioteca prehistórica, tan solo necesitamos la paciencia para dedicar el tiempo necesario a la observación. Así llegamos hasta el templete de Temple, situado al norte y donde un pequeño armazón rectangular del siglo XII o XIII habla de nuevo sobre los templarios y la leyenda de dos hermanos nacidos en Noia y combatientes de las cruzadas. En una batalla, entre la confusión, se separaron para no volverse a encontrar. El mayor paso siete años buscando a su hermano menor sin éxito, cuando por fin regreso a su tierra natal, mandó construir este pequeño santuario en honor a su hermano, que finalmente regresaría siete años más tarde.

Anxo Rial / RKV.